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Reseñas y Entrevistas sobre Poesía y Artes Expresivas

martes, 11 de enero de 2022

Crecer como desmalezamiento. Una lectura de la Mancha de los días de Bárbara Alí

( Reseña realiza para la revista Solotempestad http://www.solotempestad.com/alixmolinelli/)

PUBLICADO NOVIEMBRE 13, 2018


                        Por Roxana Molinelli

La mancha de los días de Bárbara Alí (Qué diría Víctor Hugo?, 2016) es respirar al borde de un paisaje alto, bello y desértico por el cual alguna vez anduvimos y apenas recordamos en destellos. Como en un movimiento donde el peso se convierte en búsqueda, una tensión de apertura se mantiene a través de todo el poemario. Y con esa intensidad física se despliega una complejidad conceptual cercana a las instancias preverbales, la que lleva a los umbrales vitales de la palabra poética. Como en la mejor poesía, se dice con una potencia lírica asombrosa lo que no se dice. Y no capacidad,  sino potencia, por su estado de inquietud, de proponer lo improbable. De este modo trabaja y se expande esa fuerza que se repone en la voz como preguntas y comparaciones:

Un tiempo en que creciste

como lo hace la hierba

entre piedras y vías oxidadas.

¿Fue la estrechez del espacio

lo que te hizo ir

en línea recta, casi ciega

sin percibir

que lo endeble

termina siempre

cayendo

sobre sí?

(p.13)

Se combinan así conceptos e imágenes cargados de densidad existencial  con una forma sobria y cuidada en cada ínfimo detalle. Diferentes objetos y sujetos se presentan y lo hacen sin intención de afirmarse, sin ser uno o lo otro. El mundo vegetal, escenas domésticas o un paisaje industrial vencido; una madre, una hija, hombres, aves,  vínculos, tras la mirada de una cámara, o tras el dispositivo de la mirada. El cuerpo, la sangre. Y la mancha como el significante transversal, que lo toma todo. La poesía acontece en y por la mancha, como memoria de la cual surgen todos los materiales o como el tiempo que no conocemos todavía. La mancha como herencia que eclipsa lo nuevo, pero que no deja de ser movimiento.

En este proceso de homogeneización, Bárbara parece hablarnos todo el tiempo de lo que se mueve detrás, de lo que no encuentra lugar, lo que no se procesa. El yo en un punto fijo, la voz en una nota. Así aparece lo inerte,  como un nacimiento que se niega; como un miedo a emerger

 

(…) cuando la materia

no encuentra lugar

se deposita  sobre sí

capa sobre capa

se tapa

a sí misma.

 

¿no nacieron así

la piedra y la montaña

por repetición de lo mismo?

 

Y si la piedra

pesara demasiado

ya no podría

moverse.

Aplastaría las raíces.

correrían riesgo

las flores.

 

¿Quedaría allí

algo más que el recuerdo

de lo que quiso crecer

sin saber

cómo?

(p. 11/12)

¿Qué hay de lo inconcluso cuando se imprime? ¿Qué es lo trunco? Estas preguntas atraviesan varios poemas, en elementos que se presentan como materialización de un tiempo que no pudo realizarse.  Pero lo que no se realiza se repite. Y en ese replicar surgen formas. Una figura de quietud y belleza como pueden ser una montaña o una piedra. ¿La identidad no es repetición? Entonces lo vital y lo viviente aparecen como la posibilidad de hallar un sitio, de figurarse sin detenerse, como una posición tomada pero abierta a lo que llega.  Y ese equilibrio parece ser el que busca esta voz, la posibilidad de arraigo que no ancle, la aparición de certezas desde las cuales dar pisada. Que la reproducción sea la insistencia que permite transmutarse.

En ese sentido aparece la posibilidad de transformación desde lo indeseado,  lo acumulado e inservible. A pesar del punto fijo, parece haber un anuncio, un anhelo de celebración como una densidad que ya no soporta el  peso de su marca.

 

(…) un espejo que refleja

otro espejo

o

un espejo

frente a una pared

blanca

 

¿no son

otra forma

de redundancia?

 

Se habla de un espejo negro

que  no sería redundancia

sino profundidad

infinita.”

(p. 23)

Así los textos parecen trazar una búsqueda, una construcción, de lo propio, de lo único. Pero lo hacen desde el plural,  como una perspectiva que sale y llega a lo colectivo. Desde fragmentos y fijaciones de sentido, se va tejiendo y enuncia  un ´nosotros’ como una intimidad extrema. Lo múltiple y singular se anudan casi pidiendo por otras formas de crecer que no sean ‘lo que nos toca’, que no sean el avanzar con lo dado sin saber o el  poco espacio, la carencia de recursos, como un tallo apuntalado al cual sólo le queda apoyarse en una prestada línea recta.

 ¿Hay otras maneras de avanzar?  Se pregunta Bárbara al mismo tiempo que propone abrirse en diferentes direcciones, como una contra-acción a lo esperable, a lo malamente instituido;  como un modo no rectilíneo, en la decisión de un esfuerzo, de desplazarse por lo bajo, de torcerse, girar, levantarse. Desmalezar. Es una práctica en la incomodidad de la apertura  ¿La esperanza de poder ver no implica eso? Sacrificar nuestras sobras por aceptarlas, estar dispuestos a recibir lo oculto o inesperado. Porque a veces lo que llegamos a tocar de nosotros y los otros es la punta del iceberg y vamos andando como frases hechas (p.  44), las palabras se arman como una frontera impropia,  intraspasable:

 

(…) ¿En qué idioma

está escrito

lo que está

tapado

por la mancha?

 

¿En qué lengua

se escribieron

padre

cuerpo

camino?

 

¿Con qué palabras

narrar la niebla? (…)

(Pág  48)

Así como el nosotros se presenta como una intimidad extrema, como el sustento del cual es posible decir, la segunda persona aparece como interpelación o extrañamiento, como deseo de escucha.  Una demanda de verdad, una invocación a la consciencia. El otro, la otra, como lo que no podemos construir de nosotros y nosotras mismas, como alguien. Así el yo edifica, calcula distancias, sobre lo que no puede medir, la sangre no se puede medir, estamos habitados por movimientos inabarcables, sedimentaciones de historias,  magmas, aunque por momentos armemos corazas, como delicados imanes de arcilla:

 

La sangre suele secarse

se endurece por el frío

y detiene su camino

su marea se agruma

se vuelve

fina capa de hielo

una trampa

donde pisar

y caer.

(pp. 41)

Una sola lectura de La mancha de los días  implica apenas asomarse a ella, como pasa con las mejores obras poéticas. Y cada nuevo tránsito por el libro abre tramas de sentidos -apenas esbozadas en este comentario- y lo hace desde una sutileza y capacidad de elipsis preciosa, que abisma, multisémico,  tan repleto de líneas de fuga y deseos de encuentro.

 

La mancha de los días (2016)

Autora: Bárbara Alí

Editorial: Qué diría Víctor Hugo?

Género: poesía

Complemento circunstancial musical:

https://youtu.be/dMeDgrD4yXQ


Publicadas por Roxana Molinelli a la/s 2:07 p.m.
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viernes, 18 de mayo de 2018

SALIR DEL DRAMA GRACIAS AL HUMOR… EN LO QUE ESCRIBO Y EN LA VIDA» ENTREVISTA A MIRTA OVSEJEVICH SOBRE SU LIBRO MATAR A LOS TESTIGOS»

Entrevista publicada y realizada para Liberoamérica . Plataforma Literaria Enlace https://liberoamerica.com/2018/05/12/salir-del-drama-gracias-al-humor-en-lo-que-escribo-y-en-la-vida-entrevista-a-mirta-ovsejevich-sobre-su-novela-matar-a-los-testigos/

Cercana a la capacidad de clásicos como Oscar Wilde, para mostrar el desconcierto y desencanto del mundo actual, y próxima a la agudeza de autoras locales contemporáneas como Inés Garland, para describir los intersticios de los vínculos humanos, Matar a los Testigos de Mirta Ovsejevich expresa y reconvierte lo mejor del humor y de la tragicomedia argentina. Desde una voz potente y original, que invita de inmediato a involucrarse en escenarios que a veces de tan ‘verdaderos’ nos espantan en la risa, Mirta nombra con elegancia, comicidad y sutileza la presencia constante de lo oculto, lo rechazado, de la mentira y de la muerte, en nuestras vidas. Como un amor que abandonamos sin explicaciones, con el que algún día tendremos que volver a vernos la cara.
En este diálogo nos abrimos a su mundo, a los sentidos de este libro recién publicado por Kintsugi Editora…
Para empezar, si nos querés contar un poco cómo surgió Matar a los Testigos, en qué momento de tu vida, de tu trabajo…
Yo empecé a escribir de manera sistemática cuando mis dos hijos crecieron y de a poco, se fueron de casa. Había ganado un premio en un concurso de guión de largometraje, en 2006, y luego escribí y publiqué la novela “Solo pido que sea presentable”, en 2015. Venía guardando ideas en un archivo, principios de situaciones que no sabía cómo seguir, algunas cosas que había visto o escuchado en la calle…Empecé a desarrollarlas de a una por vez, como quien tira de la punta de un ovillo. Tardé bastante en armar las historias, siempre de a una. Hubo correcciones, muchas, de mi profesor de taller, Ariel Bermani, y sugerencias de lectores amigos. Lo más difícil eran los finales. Como lectora, no me gustan los finales tan abiertos dónde uno se queda pensando qué pudo haber pasado, por qué se terminó ahí y no en otra parte. Tampoco está bueno que al final de un cuento se explique todo para asegurarse que el lector entienda. Se supone que uno escribe con claridad y que el lector tiene la suficiente inteligencia para entender. Entonces me pareció importante que los cuentos tuvieran finales que les dieran sentido, que los resignificaran. Así fui trabajando cada uno.
Una de las primeras cuestiones quizás al querer situar esta serie de 11 cuentos en su registro en la tragicomedia que se cruza con lo fantástico, como en el relato «Almas» o con la intriga y el suspenso, como en «Georgina». Más allá de una necesidad de clasificación ¿Qué dirías de estos registros y del tono que logras a través del libro?
En mis relatos yo trabajo con absoluta libertad. No me fijo si voy a trabajar el suspenso con la ciencia ficción o qué con qué. Escribo lo que me sale y me gusta. Tomemos por ejemplo la tragicomedia. La vida, en general, es trágica, y para soportarlo, inconscientemente, me acostumbré a buscarle la parte divertida que permitiera superar ese dramatismo. Salir del drama gracias al humor. Eso me ayuda mucho, en lo que escribo y en la vida.
Los escenarios y los personajes encajan perfecto, uno se involucra enseguida, muestran lo mejor de la tradición costumbrista, ¿Tenés autores, obras, referentes en esta línea?
No, realmente no.
Otra cosa que puede decirse es la capacidad de caracterización de personajes, con protagonistas en su mayoría mujeres, ¿Qué decís de esto? Pensaste a priori en trabajar una idea de ‘lo femenino’, como lugar, como acontecer, como configuración singular o social…
Cuando creo un personaje, me lo imagino como si viera una foto, basándome en lo que voy a contar. Hasta que no tengo la foto en la cabeza no empiezo a escribir. Desde el color de cabello hasta qué tipo de ropa usaría, y qué cosas podría llegar a hacer y qué cosas no. De ninguna manera pensé en trabajar “una idea de lo femenino”. Simplemente me salió así, aunque hay un par de historias en las que el protagonista es hombre. Será que como mujer, manejo mejor el punto de vista femenino.
En este sentido también hay mucho de aparición de la extrañeza, como miedo conjugado con absurdo, como un desconocimiento de aspectos de las personas más cercanas; esto lo veo por ejemplo en «Quiero morir vestido» o en «Mi vecino», entre otros …
Sí, la extrañeza es una sensación que me gusta introducir en mis relatos. Me parece que eso los vuelve inquietantes. Los personajes no saben que son inquietantes. De esto se dan cuenta los lectores, y generalmente, cerca del final del cuento. Los acompañamos durante todo el relato y al final nos damos cuenta que estuvimos acompañando a alguien de quien no sabíamos nada. Tiene algo de siniestro: conocido y desconocido a la vez.
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Es también lo que desconocemos de nosotros mismos…
No sé, yo no me siento así, capaz de pensar una cosa y hacer otra.
Se plantea la idea de la desnudez, que de hecho es tema en estos dos cuentos que decíamos, y del juego de las apariencias, donde mostrás un gran manejo de la sorpresa…
El manejo de la sorpresa es algo que tengo incorporado desde que empecé a aprender cómo hacer un guión cinematográfico. Sin sorpresa o suspenso no hay relato posible, para mí. Esos relatos donde no hay ninguna tensión, aunque estén muy bien escritos, para mí no son interesantes.
También se entrevén varias nociones sobre el tiempo, por ejemplo en personajes que quedan anclados en una perdida…
Sí, en “Lo que esté viejo”, traté de imaginarme lo que les pasa a dos personas mayores, que están llegando al final de sus vidas, que van a quedar inactivas, sin proyectos. Al final del relato no hay reacciones. Parece que lo aceptaran con resignación. Pero no sabemos qué pasaría con el paso de los días. Es el único relato con un final sin sorpresa
La soledad es otro gran tema que abordás con mucha destreza…
Sí, somos amigas desde la infancia.
«Freezer» me parece genial como soliloquio de una obsesión consumista…
Esa era la idea. Como una cosa kafkiana además. Pero la idea era un poco desmitificar esa creencia de que con dinero la gente es feliz y hace lo que quiere. Esta mujer tiene dinero, quiere algo, y no le resulta nada fácil conseguirlo. Obvio, es más fácil conseguir un freezer con dinero que sin él, pero el dinero solo no te abre la puerta de la felicidad. Algo que tendría que ser tan fácil como la compra de un objeto material a cambio de dinero la deja sin aliento y al borde de la locura. No hablemos de las cosas que ni siquiera se consiguen con dinero.
Para finalizar, ¿Proyectos en danza? Estás por publicar dos nuevos libros…
Sí, acabo de publicarlos y presentarlos. Apenas termina la Feria del Libro van a estar en las principales librerías de Capital y del interior. Los distribuye Galerna. Son dos novelas: “Gstaad, 1996” y “Quiero tener todas las noches esos sueños”. Y tengo dos proyectos más, pero por ahora son solo ideas.
Gracias.
Gracias a vos, Mirta!

Sobre la autora

matar a los testigosMirta Ovsejevich nació en Buenos Aires. Estudió derecho y es escribana pero también se dedicó a escribir. Es guionista y entre sus trabajos se destaca Bonita —largometraje premiado por Cine-Ar en 2006.
Participó de varias antologías y es autora de la novela Solo pido que sea presentable (Ediciones del dragón, 2015);  de la serie de cuentos Matar a los testigos (Kintsugi editora, 2017) y de las novelas “Gstaad, 1996” y “Quiero tener todas las noches esos sueños” (2018),  que acaban de publicarse por Editorial Galerna.

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DANZA MOVIMIENTO TERAPIA: CUERPO VIBRÁTIL, CONEXIONES DESEANTES Y CREATIVIDAD

Entrevista publicada y realizada para Liberoamérica . Plataforma Literaria Enlace :https://liberoamerica.com/2018/02/12/ven-amigo-vamos-a-lo-abierto-danza-movimiento-terapia-vincular-por-raquel-stock/


Raquel Stöck nos cuenta acerca de esta terapia expresiva, sus particularidades y despliegues en la Argentina y Latinoamérica, sus principales referentes. También nos habla acerca de la nueva formación que dirige, de la apertura de una editorial y de la publicación de su primer libro, centrado en su propuesta: la Danza Movimiento Terapia Vincular…
Esta disciplina a pesar de que ya cuenta con casi un siglo de recorrido, sigue estando bastante escondida como lo están de hecho las arteterapias en general. Podés contarnos, ¿qué es la Danza Movimiento Terapia (DMT)?
Esta disciplina a veces está más escondida que otras, porque tiene mucho poder. La sabiduría  del cuerpo en movimiento, en el encuentro con un otro, es ancestral. Sin embargo, hay mucho miedo a abrirnos a este saber…. Por otro lado, el biopoder del cual nos ha alertado Foucault, considero pone  el énfasis  en  «domesticar» «controlar»  «disciplinar» «excluir» la vitalidad del cuerpo en movimiento.
Me preguntas que es esta disciplina. Para la Asociación Americana de Danza Terapia (ADTA) y para las otras definiciones que desde 1942  hasta la actualidad se vienen formulando, Danza/ Movimiento Terapia es «el uso psicoterapéutico del movimiento en un proceso que promueve la integración física, emocional, cognitiva y social del individuo». Desde mi mirada y mi tránsito en situación por  la práctica, si bien agradezco y reconozco el invalorable aporte de quienes me precedieron, difiero en algunas cuestiones en cuanto al enfoque y la definicion. Diría más bien que,  «Danza Movimiento Terapia Vincular es un proceso psicoterapéutico acontecimental  que, poniendo el foco en el movimiento, está presente al «entre» de la potencia del encuentro de las singularidades múltiples».  Es decir, pienso que sujeto/ vínculo/ cultura constituyen hilos de una red que producen y construyen subjetividad, y la cuestión epocal es un marco de referencia. Vivimos en tiempos de incertidumbre, por lo tanto lo acontecimental es aquello que se produce en el encuentro terapéutico, es estar presente a esa vida en movimiento.
Por ello sostengo  que Danza/ Movimiento Terapia tiene que ver con lo vincular, con lo que se produce «entre al menos dos», así ocurre incluso para que podamos nacer y estar en este Planeta. Lo vincular, donde se juega aquello que tenemos de semejantes, de diferentes y de ajenidad u otredad total, aquello que nunca conoceremos del otro, y quizá tampoco de nosotros mismos, es justamente lo que se  pone en movimiento con un sentido a la vitalidad. Así  danza movimiento deviene terapéutico si produce la apertura a la sensibilidad, a los movimientos que abran a lo creativo.
Nos constituimos con un otro, somos multiplicidades singulares.  No adhiero a los modelos identitarios que provienen de un paradigma binarista y colonizador donde uno es el que «sabe» y el otro es el que tiene que hacer «un proceso» para llegar a lograr «integración». No entiendo a qué se le llama «integración»,  prefiero alejarme de esas búsquedas que a veces han  resultado deshumanizantes. Elijo más bien producir con un «otro» apertura a nuevas conexiones deseantes, que nos lleven  como diría el poeta Hölderlin a lo abierto: «Ven amigo, vamos a lo abierto» y no a producir el cierre de los significados. Es por ello que adhiero a una filosofía Deleuziana, rizomática, del ser en devenir, y a una ética del cuidado y de los derechos humanos.
¿Cuando surgió tu inquietud por la DMT? ¿Cómo fue tu recorrido profesional y humano hasta llegar a ella?
En realidad desde que tenía 5 años quería ser bailarina y le pedía a mis padres que me llevaran a la Escuela de danza del Teatro Colón. Pero ello no ocurrió y pasaba horas danzando los mundos que imaginaba para mi única espectadora que era mi abuela; ella me miraba con reconocimiento y amor. En lugar de bailarina fui abogada, especialista en derecho de familia. Nuevamente ahí me fui encontrando con un «otro» que sufría, ya que durante 30 años he atendido solo familias, que atravesaban diferentes conflictos, divorcios, no ver a sus hijos, violencia, abuso, enfermedad mental, adicciones. Ello me llevó a buscar un espacio de «movimiento» para mí, y experimenté que esa práctica era muy liberadora y sanadora. Durante 30 años, a la par del Derecho, transitaba por  diferentes experiencias de movimiento. Expresión Corporal con un discípulo de Patricia Stokoe, Danza Butoh, con Gustavo Collini Sartor, Sistema S. Mildermann, Máscaras, Mándalas, Movimiento con soporte en la Psicología Jungiana, etc., etc. Luego, sentí que las palabras no alcanzaban para expresar aquello de las emociones, aquellas búsquedas de sentido, y me daba cuenta que el daño que producen «las violencias» el derecho no alcanza a repararlas. Me dije, no hay derecho sin cuerpos, pero a la vez no hay cuerpos sin derechos! Entonces busque una disciplina que me «legitimara» para poder ofrecer un «movimiento terapéutico» y encontré Danza Movimiento Terapia. En ese recorrido, mi propia configuración familiar fue por supuesto una fuente de aprendizaje y de «moverme» permanentemente en la búsqueda de conexiones a la vitalidad. Tengo 6 hijos, todos con el mismo marido, con el cual atravesamos 3 años de estar separados y nos volvimos a encontrar. Nuestros hijos, han sido también quienes nos han enseñado a atravesar muros, y hacer trama en situación, al pasar por diferentes vicisitudes. Tenemos 8 nietos. Estas cuestiones vinculares en el orden de aquello que nos interpela en lo cotidiano, me han resultado los aprendizajes más ricos y más potentes que aquellos tránsitos que se describen en un curriculum. Y debo decir con alegría, que tuve el placer de compartir y danzar con mi madre, quien vivió hasta los 93 años, durante los últimos 5 años de su vida. La DMT nos ofreció a ambas un nuevo modo de encuentro y de resignificación de nuestro vínculo. A tal punto, que fui con ella y un grupo de sus pares, a quienes denomine «ancianas sabias» a un  Congreso Internacional de la Asociación Argentina de Danza Terapia (AADT) que se llevó a cabo en el Centro Cultural San Martín, a compartir la apertura de sus cartografías sintientes. ¡Fue conmovedor! Para ellas, para mí y para todos los participantes del Congreso, que danzaron la ternura, lo suave, la mirada, en bellísimas conexiones afectivas que se abrieron en ese «entre».
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Sobre la Asociación Argentina de Danza Terapia, ¿nos podés contar un poco cuáles son sus objetivos y alcances?
La AADT fue creada en el año 2000 por iniciativa de la Dra. Diana Fischmann y un grupo de unas 20 personas que generosamente la acompañaron. Su objetivo  principal es difundir la disciplina y dar soporte a los terapeutas del movimiento, a quienes por cierto aún no les resulta fácil ser reconocidos  e integrados a equipos de trabajo.
¿Cómo fue tu experiencia como presidenta de la Asociación los últimos dos años?
 Nuestra Asociación es aún joven, podríamos decir casi un adolescente de 17 años. Venía colaborando en la Comisión Directiva desde el año 2011, pensando y ayudando en la redacción de nuestros Estándares Profesionales. Fue para mí una alegría y a la vez un honor haber sido elegida Presidenta de dicha Institución, ya que era la primera vez que esa elección se llevaba a cabo mediante el voto de los asociados. Antes, al ser menos socios, se decidía en forma directa. Me acompañó un equipo joven y dispuesto a darme soporte en «mis locuras». Hasta ese momento la Asociación tenía un Congreso Anual, y decidí implementar Jornadas Pre-Congreso en diferentes provincias del país a fin de enriquecer la disciplina con los diferentes aportes culturales. La resonancia de ello tenía sus particularidades según las regiones. La experiencia vivida en San Juan la guardo aún en mi corazón con mucha alegría. Me encanta conformar equipos de trabajo. Luego de 6 años de dar lo más que pude de mi misma a la Asociación, preferí no ser re-electa y dejar el espacio a nuevos equipos y propuestas.
¿Cómo ves el cruce entre arte y salud en general? Y en particular,  ¿la DMT en Buenos Aires?
Sus ámbitos de implementación, sus límites, sus potencialidades… Entiendo que si cuerpo/ arte y salud no se «dan la mano» estamos restando posibilidades a lo humano. Los terapeutas del movimiento tienen también esta mirada. En Bs.As. trabajan en hospitales de día, hogares de ancianos, en equipos de trabajo en el área de educación, en algunos Hospitales Públicos, en equipos que investigan desde las neurociencias, y es muy destacable y valiosa la tarea que realiza cada uno para que la disciplina sea reconocida.
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Llevás adelante la formación de Asistente en DMT en el Centro Cultural Rojas de la UBA, tuviste experiencias como docente en Brasil y en Francia ¿qué particularidades,  similitudes y diferencias podrías nombrar? ¿Cómo se vivencia la disciplina en cada lugar?
El C.C. Rojas es un espacio que amo, es un espacio vanguardista que da  la posibilidad que algunos elementos de DMT sean accesibles para muchos. Experimento muchas veces con quienes vienen al Rojas, que ese corto tránsito les resulta significativo para sus vidas y también para incorporar algo en sus trabajos y eso me alegra profundamente. En Brasil fue tan bello encontrarme con ese «ritmo»,  ¡y calidez que tienen!  Su disposición era siempre alegre y muy positiva frente a cada propuesta, cada búsqueda, cada trayectoria. Son muy afectivos. Y en París fue un desafío maravilloso, ya que no hablo el idioma. Antes de llegar al Seminario, me alertaban acerca de un grado importante de «intelectualidad» que tenían, y que era difícil esto que Suelly Rolnik llama apertura al «cuerpo vibrátil». Me llevo un poco más de tiempo la producción de ese «movimiento vincular» hasta que terminaron conmovidos hasta las lágrimas. Al salir, sentí que el lenguaje de los cuerpos en movimiento no tiene fronteras.
Vos proponés una especificidad novedosa, la DMT Vincular, ¿Qué significa, qué aporta a este campo?
Como te decía al principio, vivimos cambios epocales. Los paradigmas que hasta hace poco regian la vida en común,  hoy no dan respuesta a las necesidades de las personas. DMT Vincular (DMTV) es trabajar en situación, abiertos a la diversidad. Es impresionante como esta apertura produce creatividad. Fue muy bello el encuentro que tuvimos con los poetas en el C. C. Rojas, en el cual pusieron palabra a las cartografías sintientes que se movieron en situación. ¡Vamos por más en ello! La formación en DMT Vincular  que estoy abriendo ahora en abril, tiene que ver justamente con estos flujos de intensidades que se abren al moverse con un otro, y poder expresar «lo viviente» desde la escritura creativa, la pintura, los ritmos descantes de los cuerpos en movimiento. Sentimos con el cuerpo. Y arte es la apertura a esa sensibilidad que habita en los cuerpos. Por eso en la formación en Danza Movimiento Terapia Vincular, danzan y se dan la mano. Eso es muy potente. Se conforman agenciamientos colectivos. Construimos en ese «entre» espacios humanizantes, con otras lógicas, otros sentidos a la vitalidad.
Nos parece interesante tu propuesta de DMT con  artes plásticas, palabra poética, meditación… 
Lo que proponen y transitan en Liberoamérica me alegra y me parece valiosísimo como apertura a la potencia vital. Estas micropolíticas son aquellas que necesitamos construir. Yo trabajo y ofrezco un espacio desde la DMT Vincular, desde «el medio», desde ese lugar donde los cuerpos se encuentran con un otro. Cuando ese encuentro es real, lleva a diferentes aperturas creativas, y ello sucede y es DMTV, conexiones deseantes en un permanente devenir.
¿Qué proyectos tenés para este año y más adelante?
 Este año el comienzo de la formación en la cual me acompaña un equipo docente maravilloso, es un proyecto que me alegra profundamente, serán seminarios intensivos de 3 días una vez por mes, con una modalidad convivencial en medio de la naturaleza, a solo 1,30 hs de Bs. As. Será el inicio de un «campus» que en latín quiere decir llanura, y realmente estaremos esos tres días en medio de la llanura pampeana. También publicaré mi primer libro «Danza Movimiento Terapia Vincular, devenires», no sé si llamarlo libro o herramienta, como una apertura a nuevos disparadores, nuevos trazos, trayectos… Quizá tal vez imagino seguiremos escribiendo con quienes pasen por el «campus». Y acabo de abrir una Editorial «Bricolaje» a través de la cual me propongo sea accesible para muchos poder compartir en soporte papel, (aún no me animo a hacerlo de la forma maravillosa en que lo hacen en Liberoamérica, o quizá tal vez por ser «corporalista» necesito un libro) sus vivencias, cuentos, devenires, desde esta perspectiva vincularista.
Por último,  algunas/os referentes locales o extranjeras, históricas o contemporáneas que quisieras destacar…
¡Tantas para destacar! En lo personal  a  Maralia Reca, con quien tuve el gusto de formarme y quién introdujo DMT en Argentina, va mi agradecimiento.  Diana Fischmann, quien tanto ha aportado a la disciplina en Argentina y por el mundo, Aurelia Chillemi, con su tarea maravillosa de Danza Comunitaria que lleva a cabo en Grissinopoli, fábrica recuperada, y por supuesto a María Fux, con quien también he tenido el placer de asistir a sus talleres, y encuentro en María José Vexenat una continuadora sensible y maravillosa.
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Hilda Wengrower, quien escribió junto Sharon Chaiklin y otros «La vida es Danza» también me ha aportado y abierto a la sensibilidad. Asistir a talleres de Teresa Monsegur que vive en Barcelona y ha colaborado con formaciones ha sido también un aporte. Jorge Rosales, bailarín del Ópera de París y experto en la Teoría del Movimiento de Laban, además de un amigo personal, es un referente que invitó al C. C. Rojas cada vez que viene a la Argentina y Suzi Tortora de EE.UU. tiene tanto para dar y transmitir en el trabajo con niños.
Luego, valoro muchísimo la tarea de la generación joven que se ha formado en Argentina y lleva desde su singularidad DMT a sus países, como es Paulina Meléndez en México que trabaja con personas con síndrome de Down;  Daniela Pinto en Venezuela abriendo una Asociación y  la Escuela de Formación «Entre Cuerpos» , y desde mi humilde lugar les he dado el soporte posible;Sandra Milena Vélez quien ahora ha vuelto a su país Colombia, y también está intentando abrir una formación; Judith Esperanza en Brasil, me parece muy valioso eso…
¡Gracias por esta entrevista!

Gracias a vos
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Etiquetas: Danza/Movimiento Terapia. Cuerpo Vibrátil Conexiones Deseantes y Creatividad. Entrevista a Raquel Stock

domingo, 28 de enero de 2018

AL MODO DE UNA DIDASCALIA EVAPORADA. ENTREVISTA A CARLOS RÍOS SOBRE SU LIBRO CIELO ÁCIDO



Entrevista publicada y realizada para Liberoamérica . Revista y Plataforma Literaria Enlace:https://liberoamerica.com/2018/01/13/al-modo-de-una-didascalia-evaporada-entrevista-a-carlos-rios-sobre-su-libro-cielo-acido/)

Cielo ácido (Editorial Clase Turista, Buenos Aires, 2014 / Lagüey, Santiago de Chile – Barcelona, 2016) es una de las últimas novelas publicadas por Carlos Ríos. Acá una lectura y diálogo que explora algunos de sus sentidos y búsquedas…
Para empezar, si nos querés contar un poco cómo surgió Cielo ácido, en qué momento de tu vida, de tu trabajo…
El libro surgió como un desafío, escrito por «autoencargo» y en vistas de un concurso en el que quedó como finalista (era una versión aún más extrema y experimental que la que quedó fijada en el libro); el desafío era escribir una novela que fuera un poco contra las permanencias del género, no tanto en el género establecido, sino en mi idea acerca del género, más exactamente en la idea de memoria del género y en ella la detección de patrones y restos de convenciones, órdenes o jerarquías que en el propósito, el libro como desafío, pudieran activarse y ser reconocidas. Pasando en limpio: ¿qué queda del género en uno? Cielo ácido ensancha la pregunta.
Una de las primeras cuestiones quizás al querer situar la novela, es su registro múltiple, el cruce de géneros. Leí algunas reseñas que hablaban de un policial fantástico, de ciencia ficción, thriller metafísico o surrealista, de ensayo social. Más allá de una necesidad de clasificación, ¿Cómo definirías vos este registro tan propio? ¿Lo tuviste en claro de entrada o lo fuiste descubriendo en el proceso de escritura? ¿Situás a la novela en alguna tradición o apuesta estética en particular?
No poseo una definición, pero podría decir que cuando la literatura se instala en un campo de intersecciones, los sentidos empiezan a moverse. Salirse de la zona de confort es lo mejor que puede pasarle a una escritura. En la novela, el registro fue armándose sin mapas previos. Una cosa lleva a la otra. Tradición: seguir los indicios de cualquier ruptura, por mínima que sea; expandir ahí lo más que se pueda. También la revelación de los síntomas y la disolución de la letra en eso que llamamos realidad.
Por mi parte, creo que el relato te envuelve e impacta de un modo muy sensorial por su contundencia hiperrealista. Barrio de Once, Parque Indoamericano o Isla de Caras enlazados en un idioma castellano de ninguna parte; personajes como Waldo Torrico tan cercanos por ejemplo al fallecido Ricardo Fort… ¿Cómo construís ese lugar de frontera?
Justamente como lo decís, asumiendo que todo eso, esa dinámica de yuxtaposiciones aparentes o verdaderas, arma una frontera.
Los capítulos son cortos, casi escenas cinematográficas. Te envuelve la cadencia, el ritmo, el tono limpio de una escritura elíptica, poética, con una composición plástica y visual muy fuerte. ¿Por qué esa forma de contar la historia?
Es como escribir poemas: un latido, silencio; otro latido, silencio. En los capítulos cortos encuentro esa modulación. En la brevedad y la condensación encuentro las mejores potencias. Esto de escribir capítulos breves como si fueran poemas está en la mayoría de mis libros; a la inversa, en los poemas se acentúan los rasgos narrativos.
Es llamativa la amalgama entre personajes, ambiente, paisaje, el imán que eso genera como lector, hace también que se respire el clima del nombre, se sienta el ácido en el estómago, ¿Sos consciente de ese riesgo?
Hay riesgos mayores. Por otra parte, pienso que a una escritura física bien plantada deberían corresponderle lecturas físicas.
La novela parece situarse en un espacio-tiempo múltiple, entre soliloquios, descripción de escenarios y diálogos que enlazan pasado-presente-futuro en una temporalidad propia, ¿no? ¿Buscaste algo en particular con eso?  ¿Cómo se vincula con la estética general?
Creo que es parte de escribir como quien indaga, va y viene, rodea un asunto, se queda adherido a una circunstancia y después suelta, etcétera. Sucede con la escritura de los poemas y sucede también en mis relatos, no hago distinciones entre una cosa y otra, todo es fricción y pasaje entre palabras.
Otra cosa que puede decirse es la capacidad de caracterización de personajes, ¿qué decís de esto? ¿Del protagonista Lezica puntualmente?
Bueno, soy un poco vago para las descripciones. Me gusta leerlas en otros libros, pero me aburro si tengo que hacerlo. Con dos o tres pinceladas alcanza, la cuestión es ver cuáles pinceladas quedan de cientos de pinceladas posibles. Al final, las acciones (al menos en este libro) son las decisivas, las que van definiendo quién es quién en la historia.
Sin caer en psicologismos, pero el vínculo con la madre aparece mucho, Lezica, Sandoval, Torrico, tienen madres sobreprotectoras o inhabilitantes castradoras en contraste a padres casi inexistentes…
Tomémoslas como «minusvalías» colaborativas. Además de los problemas del mundo, los personajes también tienen que vérselas con esas sombras o fuegos sentimentales demasiado próximos. Lezica tiene que matar y a la vez le preocupa tener que darle explicaciones a su madre porque no fue el domingo pasado o si está de novio. Un infierno.
En esta línea, ¿cómo trabajaste la latencia erótica, diría sado-masoquista, presente todo el tiempo, que el arte de tapa de Flavia Paravisi expresa casi como ilustración?
Hay cuerpos encendidos por los líos del exterior y eso produce una remezcla continua, de cuerpos rozándose, en trance de amar o aniquilarse. La tapa argentina lee esa saturación; la chilena se enmarca más en el género (un revólver que apunta hacia el pecho del lector, tanque donde el sicario diluye sus víctimas). En cada caso juegan las cuerdas esenciales del género, aunque desdibujadas.
En este sentido el relato también parece un ensayo sobre tramas de poder…
La cuña reflexiva sobre el sustrato político opera como un apunte seco de quien narra, es una reflexión articulándose sola y al vapor. No con la pretensión de extraerle saberes a lo que se cuenta, sino más bien como remanentes, zonas donde la novela podría asentarse y no lo hace. Al modo de una didascalia evaporada, algo por el estilo.
El libro abriga una metáfora transversal que impregna todo, la muerte como un imposible. «No hay cuerpo no hay muerte» rezan una líneas, por una parte, resonando a nuestro pasado no tan lejano, y por la otra, como rasgo existencial tan presente en la cultura hegemónica ¿Cómo trabajaste esta idea?
Es una idea que se desplaza de la metáfora y se instala en la literalidad más absoluta. En la novela hay un corrimiento porque lo terrible aparece en las conversaciones entre un sicario y sus clientes, aunque es cierto que es imposible sustraerlo de la violencia social y política. Las palabras arman redes de sentidos. En las demandas de cuerpo que hacen los gerentes habitan, necesariamente, otras razones.
De esta forma, desde esta mirada no hay puro posible, no existe refugio natural, no habría un sitio verdadero originario al cuál volver…
Al escapar, el sicario ejerce un nomadismo del que no es consciente; al mismo tiempo, los orígenes están desplazados y se han vuelto irreconocibles.
Por último, me gustaría centrarme en el título del libro, tan difícil a veces de encontrarlo, tan importante a la hora de publicar, qué podés comentarnos de: 
El ácido:  corrosivo, que hace desaparecer;  veneno o un pueblo (que desesperado por encontrar belleza, se envenena); químico, polución, antinatural, que contamina; droga o psicodelia social materializada tanto en Lezica como en el cielo.
El cielo: presente todo el tiempo; el lugar de los dioses; escape, fuga; amenaza;
elixir poluto; el cielo con su imposibilidad de ser cielo.
La idea del cielo ácido es todo eso. A mí se me figuraron los cielos que uno ve en la Ruta 2, los de Roberto Arlt, los de Cándido López y los de César Aira, entre otros. No puedo agregar mucho más. A más de un año de publicar Cielo ácido encontré en una novela de James Ellroy este pasaje que me dejó helado: «el enmascarado número uno se encaminó hacia allí. Sacó cuatro bombas de gas, las destapó y las lanzó. Las arrojó a derecha y a izquierda. Se elevaron vapores rojos, rosados y transparentes. Un cielo ácido. Un sistema frontal de minitormentas, un arco iris. Los idiotas de los porches gritaron y tosieron y entraron corriendo en sus casuchas». Como si la magnitud atmosférica de mi libro estuviera anclada en esta frase.
¿En qué proyectos estás trabajando?
Desde hace un par de años escribo, con intermitencias, una novela larga, larguísima, llamada de manera provisional Nagoya/Nogoyá. Se estructura en dos partes centradas en dos escenas catastróficas y muy amplificadas que ocurren en esas dos ciudades hermanadas por el acercamiento fonético de sus nombres; una escena explosiva y otra implosiva. Tengo listos para su publicación tres libros de poemas: Dealer de vacas, Se ha detectado una amenaza y uno más experimental, sin título por el momento. Tengo por la mitad dos novelas breves y un proyecto de novela política, más compleja en su trama, que transcurre entre Brasil y Argentina. Empecé a escribir otra novela policial donde Harinas Sandoval y Víctor Angola enfrentan un caso extremo de cuatrerismo dominado por la matanza y la desaparición de animales. Estoy promediando también un breve diario de un futuro historiador del arte que aparecerá en marzo. Entre libro y libro, trato de darle más presencia al proyecto editorial autogestivo Oficina Perambulante, que a su vez se complementa con talleres de escritura y de desarrollo editorial. Son libros de pequeño formato, cuyas tapas están hechas con cartones que recolecto por las calles de La Plata y de las ciudades por las que ando. En esos libros vuelco relatos y poemas que sólo pueden leerse ahí. Cada libro, desde el año 2016 en que comencé a hacerlos, vale 20 pesos.
Muchas gracias Carlos por tu predisposición y calidez
Carlos Ríos
Nació en Santa Teresita en 1967. Ha publicado más de veinte libros, entre los que destacan Manigua (2009 / España y Brasil, 2016), Cuaderno de Pripyat (2012 / Francia, 2016), El artista sanitario (2012 / España y Brasil, 2016), y Un shock póstumo (2017). Actualmente integra el consejo editor de BazarAmericano.com, dirige el proyecto editorial de la Oficina Perambulante y coordina talleres literarios en cárceles bonaerenses.

Publicadas por Roxana Molinelli a la/s 10:00 p.m.
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Etiquetas: Al modo de una didascalia evaporada. Entrevista a Carlos Ríos sobre su libro Cielo Ácido

martes, 24 de octubre de 2017

Entre lo latente y lo sido, una lectura sobre la obra de Cristian Marín




Al empezar este comentario me volví a preguntar cómo hace cuerpo la escritura poética, en los nuevos emplazamientos, callejeros, escénicos, virtuales, fuera del libro. Como sabemos, una obra es tiempo sobre todo, tiempo acumulado, detenimiento para abrir, cuña de fugas de esas que necesitamos en lo cotidiano,  que un escritor tiene la capacidad de echar a andar, en la potencia y transporte de su invento. Por eso siempre es también -si es que es– trabajo constante, movimiento hacia algo, apertura múltiple  y en eso se diluye el fetiche del libro, del autor, de la persona, que contiene lo que se produce.

Me acerqué a la obra de Cristian Marín a partir de su blog. A penas se desplegó en la pantalla el juego de fotografía y palabras que se combinan delicadamente,  apareció  esta última cualidad de la escritura poética y elegí construir un recorrido, el que ofrecen sus textos desparramados, aparentemente inconexos, que en verdad se anuncian como una sinfonía nutrida y clara de comienzo. Una temática común resplandece: el viaje iniciático, el  amor, los momentos de pasaje, que los versos delinean en gestos mínimos, en ideas acerca del tiempo y el recuerdo, en la relación entre naturaleza y ciudad. En unas primeras líneas Cristian ya insinúa el espiral del cual emergen sus poemas:

«ya vengo          prometo volver
prometo traer poemas prestados
palabras petrificadas por la espalda de la montaña

que ayuden
que contrasumen el olor de vereda caliente de la ciudad con charquitos de aire acondicionado

también intentaré intentos de palabramuleto

para la desesperanza de los semáforos de aquellas noches de amarillo quetequiero verde

prometo         prometo

y nunca soy cuando vuelvo.»

Dice Diana Bellesi: «… ¿Qué hace la voz lírica sino volverse a preguntar  las mismas y viejas cosas que el espíritu humano borra siempre y nunca olvida? Por eso con leves variaciones sobre la misma nota, esta voz es siempre arcaica. Reedita el asombro primero, el asombro final frente al mundo atravesado  por el tiempo. » [ii]. Los versos de Marín son una muestra de esta definición.  Viajes, ofrendas de regreso, no aparecen como anécdota de una proeza única hacia la develación de lo secreto, de lo desconocido, sino más bien como un retornar cíclico, donde cada vuelta es potencialidad de transformación o impedimento repitente. “prometo         prometo/ y nunca soy cuando vuelvo”,  siente, narra y se dirime entre sobreadaptaciones, microresistencias o habitar el desarraigo en el propio lugar al que se pertenece. En esta  conflictiva, en ese canto joven que busca su hábitat, que en principio opone tierra pura – sucia urbe,  dice:

« (…) los huesos secos

los gases

las flores

los pétalos embadurnados por el capitalismo y la hora pico

(…) siempre en direcciones pautadas

¿hay excepciones? sí

hace poco una señora subió por donde todos bajan

y mató (…)»

Con precisión aguda se grafica lo circular de la rutina, la normalización asfixiante, la sobreabundancia de cemento, hasta el punto que la ruptura emerge en una contra-circulación que termina en muerte bizarra, como clara señal de una traba para el acontecer de algo verdadero. Sin embargo esta imposibilidad, en el nombre muerto de una avenida, puede resonar a sentido

«Llueve en abril

(…) aunque por santa fe la gente no camina
y los hombres pasan con la prudencia
de los que no salpican

sienten la espesura de la palabra santa
de la palabra fe

efectivamente
hoy perdieron la jornada laboral las travestis. »

En este poema es interesante también observar el riesgo en el uso de lugares comunes, retratos bucólicos, como el que expresa el título del poema, junto a denominaciones que pueden resonar anti-líricas, como la palabra travesti. Lejos del cliché romántico o de la denuncia social como así también del absurdo, que podrían suscitar estas palabras,  ambas imágenes se afirman en un objetivismo donde la voz se aleja mucho del yo que afirma, se desplaza en una suerte de constatación común, colectiva, que de tan evidente es sutil sentencia lírica.

Y la calle no es acá el espacio público, externo, sino el cruce, la amalgama con los cuerpos, lo vivo como parte aunque subsumido, consustanciándose con los objetos. No hay ajeno o inerte, hay animal-urbano personificándose

«El silencio empieza con el sueño de un perro

por el hocico a estas horas

pasa la vereda la basura nosotros (…)

afuera las instituciones vestidas de lunes

se echan en las copas de los árboles (…)»

Y en esa foto, en esta toma de consciencia, en el choque, vuelve la búsqueda, aparece la relación con la naturaleza irregular: hielo, piedras, montañas, como una morfología común a los sentidos, que los atraviesa  en una atracción por la distancia, en una extensión condensada:





« (…) dónde estás

acá hace frío

el horizonte recuperó los cerros

y la nieve con ellos

aunque por tu frente pasa la mecánica de mi gesto desacostumbrado

revelando las cosas que no pasan

la imposibilidad de abrir los ojos. »

Así se dice el amor trunco, lo que no terminó de ser crece con más fuerza, aparece del vestigio, como la hierba mala, como una presentificación que nunca se desea, pero irrumpe. Un pasado enraizando por todos lados, a pesar de que juega a haberse ido, es un ahora que se retuerce y supura dentro de lo que fue, dentro de sí mismo, entre lo seco

 « (…) la hierba crece envenenada en penumbras del recuerdo
es ahí donde las raíces juegan a esconderse
deseándose entre ellas
entre piedras (…)»

Lo sido se mueve entre repeticiones –como ansias de lo domesticado- y la aceptación de lo que está fuera de su alcance. No obstante en esa danza parece figurarse una propuesta: generar vínculos desde los puntos no atiborrados de las cosas de las palabras. Limpiarnos sin proyectar, en la continuidad del puro presente. Si la poesía es detenimiento para abrir, cuña de fugas, en Marín es también espacio, como una inmersión viscosa y lenta, pero a su vez aire, sintiendo los cuerpos apenas rozando.

En este camino se dispone la obra, con toda la fuerza de una latencia, de una intriga iniciática:

« (…) ¿Y nuestros ojos? También acá,

instrumentos de lo sucedido
que construyen lo visible

¿Qué harían de aquel lado del vórtice?
Cuando lo invisible se muestre (…)»



Bio: Cristian Marín Nació en San Juan, en 1988. Su familia no era -y ni lo es- esas que leen libros, sin embargo la inquietud por la lectura nació con los amigos del barrio durante una ola de escritores latinoamericanos. En ese tiempo, leían los libros prestados por una bibliotecaria que por esas cosas de la adolescencia nunca le agradecieron. Desde el año 2010 participa en talleres literarios, su obra se la debe al arduo trabajo en grupo que lleva a cabo con sus amigos escritores.

Los poemas citados se pueden encontrar en: http://sociodeunabibliotecapopular.blogspot.com.ar/

[i]Este comentario fue escrito para la revista virtual Liberoamérica y publicado en https://liberoamerica.com/2017/10/18/cristian-marin-entre-lo-latente-y-lo-sido/

[ii]   Bellesi, Diana (2011): “la pequeña voz del mundo”, Taurus, Buenos Aires.
Publicadas por Roxana Molinelli a la/s 3:42 p.m.
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